Justo cuando Camila estaba inquieta, de repente la voltearon dos veces sobre la cama y luego la envolvieron firmemente en la colcha. Gabriel cargó al hombro a Camila, que estaba envuelta en la colcha, abrió la puerta y la arrojó fuera de la habitación. Aunque la suave colcha amortiguó el golpe, cuando cayó al suelo aun así apretó los dientes de dolor. —¡Gabriel, tú…! —Camila intentó levantarse para entrar de nuevo, pero la puerta se cerró sin piedad y casi le golpea la nariz. La voz amenazante de Gabriel llegó desde el interior de la habitación. —Camila, si te atreves a hacer esto otra vez, ¡haré que algunos hombres jueguen contigo! Al escuchar eso, Camila no pudo evitar estremecerse y regresó torpemente a su habitación. Esta vez volvió a fallar, incluso peor que antes. Sin saber a

