—Mañana podemos desayunar juntas y así charlar un rato, hace días que no tenemos una buena conversación de amigas —dice Tamara.
—Y más ahora que se de tu partida —hace puchero— me vas hacer tanta falta —la abraza.
—¡Ya! No seas tan dramática, aún no me iré.
Está se despide de Claudia y camina directo a su auto, cuando de pronto su teléfono suena, está lo toma pensando que es un mensaje de Luis, pero su corazón se paraliza al igual que su caminata. Un mensaje de Clibert es lo que le ha llegado.
—Hola, necesito hablar contigo, por favor escríbeme cuando puedas —es lo que ella lee. Pero esta hace caso omiso del mensaje, guardando su teléfono dentro de la cartera, la cual lanza al asiento trasero del auto.
Tamara va al volante algo alterada, este mensaje de Clibert la ha desconcertado, ella esperaba no volver a saber de él nunca más.
Al llegar a su apartamento, corre directo a su cuarto donde escoge el atuendo más seductor que tenía, pues las ganas de vengarse de Clibert se habían adueñado de ella.
Después de salir de la ducha, está toma el vestido, el cual era el favorito de Clibert, ya que se ajustaba perfectamente a cada curvatura de Tamara, dejando ver sus buenas piernas, y escote en sus senos, los cuales a pesar de no ser voluminosos, eran provocadores y seductores.
Está se maquilla, haciendo énfasis en sus ojos, resaltando ese color caramelo en ellos, pintando sus labios de un color rosa fuerte, rocía algo de perfume detrás de su cuello, muñecas y senos. Estaba dispuesta a seducir a Luis Miguel, y a llegar hasta las últimas consecuencias, ya que esta sabía de su gusto hacia ella.
Son las siete y diez de la noche, cuando Tamara termina de atar sus sandalias, las cuales eran de tacón alto, ya que ella no era una mujer de gran estatura, le gustaba usar zapatos que la hicieran sentir indomable.
El timbre de su casa suena, haciéndole saber que habían llegado a buscarla.
—¡Un momento! ¡Ya voy! —grita, levantándose del sofá y caminando hacia la puerta. Al abrirla observa a un hombre vestido de camisa y chaleco, por encima se veía que había puesto mucho esmero en verse bien para la ocasión, peinado perfectamente y bien afeitado.
—¡Hola hermosa! ¿Estás lista para salir? —le pregunta Luis Miguel con su gran sonrisa, la cual era muy seductora y a la vez cautivadora.
—¡Si! Dame un momento, iré a buscar mis cosas —Tamara se voltea y dejado la puerta abierta entra a la habitación.
Luis no cabe de la felicidad que siente, pues para el es un sueño poder salir con Tamara, una chica que intimidaba a cualquier hombre, no solo por su belleza, sino también por su personalidad, e inteligencia.
—¡Lista! Creo que ya podemos irnos —dice saliendo de la habitación, inundando la con un suave aroma a caramelo.
Ambos caminan hacia el estacionamiento. Al llegar allí, Tamara busca las llaves del auto dentro de su cartera, de la cual saca también su teléfono móvil, y al encenderlo está avista cuatro mensajes de Clibert, pero decide no leerlos y una vez más, vuelve a introducir el teléfono adentro.
—No hermosa —dice Luis al ver las llaves de auto de Tamara en sus manos— iremos en mi auto.
Está asiente y camina junto a Luis Miguel, hasta llegar a su auto, el cual la deja impactada, ya que era algo lujoso para su bolsillo, fue allí cuando supo que su vecino no era cualquier hombre, sino uno que tenía lo suyo y sabía cómo lucirlo.
Este la ayuda a entrar en el auto, y luego cierra su puerta. Entrando Luis en el auto le dice.
—Déjame decirte que siempre me has parecido una hermosa mujer, pero esta noche estás más radiante de lo normal.
—¡Gracias! —le responde Tamara, contenta de haber escuchado eso, ya que ese era el objetivo.
Luis Miguel la lleva a un lujoso restaurante, dónde son atendiditos de una manera muy especial. Tamara disfruta tanto de la compañía de Luis, que por ningún momento Clibert vino a su mente. Luis a demás de ser muy simpático, sabía cómo encantar a una mujer, se veía que estaba en su ambiente, por lo que Tamara se dejó llevar.
Después de un par de tragos, es hora de retirarse.
—¿Quieres que vayamos a otro lugar? —le pregunta Luis estando en el auto.
—No, creo que ya es hora de regresar a casa, estoy un poco cansada, aunque disfrute mucho de la noche —sonrie.
—Bien, entonces no sé diga más, regresemos.
Una vez estacionado el auto, Tamara es acompañada por el a su departamento.
—La pasé muy bien a tu lado, gracias por haber aceptado mi invitación —dice Luis estando en el ascensor.
—Gracias a ti, por no dejar de insistir— ríe recordando las veces en que se negó a salir con el.
Al salir del ascensor está busca las llaves del departamento, pero al alzar su mirada, se sorprende al ver un hombre sentado en el suelo frente a la puerta, este está casi dormido, con la cabeza apoyada en sus piernas.
—¿Clibert? ¿Qué haces aquí? —pregunta Tamara sorprendida.
El al escuchar la voz de ella, se levanta rápidamente, quedando impactado de ver que llegaba acompañada por otro hombre, mientras usaba su vestido favorito. De pronto siente que su sangre se calienta, tiene el impulso de reclamarle por aquella escena, pero sabe que no puede hacerlo, por lo que respira profundo.
—Tamara, he venido para que hablemos, debemos arreglar las cosas —dice, mientras ve de mala manera al acompañante de esta.
—¡Tú y yo no tenemos nada de qué hablar! Pense que eso había quedado en claro —le reclama Tamara.
—Creo que aún podemos arreglar las cosas —Clibert se acerca a Tamara para intentar tomar su mano— si tan solo me dieras la oportu…
—¡Ya te dije! No tengo nada que hablar contigo —le responde Tamara, dando u paso hacia atrás, colocándose al lado de Luis.
—Disculpa Tamara, creo que debo irme, tal vez quieres hablar a solas con el —dice Luis Miguel al sentir la tensión en el ambiente. Pues sabe que ellos fueron pareja por un largo tiempo.
—¡No! ¡Claro que no! El único que debe irse es Clibert, tu yo aun no terminamos la noche —toma la mano de Luis para provocar celos en Clibert, quién al ver como sus manos se tocan, se enfurece.
—¿Qué? ¡Tú no me puedes estar haciendo esto! —dice reclamando.
—Que yo sepa no estoy haciendo nada malo, ni a ti, ni a nadie. Ahora soy una mujer soltera y puedo estar con quién me de la gana, así que por favor quítate y déjanos entrar a ¡Mi departamento! —enfatiza— y por cierto que hoy sea el último día que me envías flores.
—¿Flores? ¿Qué flores? —responde Clibert, pero sin detenerse a pensar en lo que le había dicho, continua— ¡Por favor Tamara! Déjame hablar, yo todavía Te amo, y te extraño mas que nunca.
El corazón de Tamara late con fuerza, estar tan cerca va de Clibert la hace sentir vulnerable, pero está toma con más fuerza la mano de Luis quién solo ve lo que está pasando sin decir ni una palabra.
—¿Me amas? ¡ja! —Tamara ríe sarcásticamente— eso debiste pensarlo antes de acostarte con mi hermana Nathy, así que por favor, si no quieres que llame a la policía retírate.
Clibert baja la mirada, pues sabe que ha perdido cualquier oportunidad de conseguir el perdón de ella en ese momento, este empuñando su mano por la rabia que está sintiendo, pasa por un lado de ellos para marcharse.
Esto le duele a Tamara más que nada en el mundo, pues nunca pensó tratar así, a quien por mucho tiempo llamó el amor de su vida.
Y sin voltear a verlo, aún tomando de la mano a Luis, entra al apartamento. Una vez allí, Tamara deja las llaves sobre la mesa, un suspiro sale de adentro de ella, como si hubiese estado trancado, y detrás de este las lágrimas, que inundan de inmediato su rostro.
Luis al verla tan afectada se acerca a ella y la abraza sin decir nada. Tamara lo envuelve entre sus brazos y lo aprieta contra ella, el dolor que siente es como si le estuviera estallando el pecho, Clibert en verdad era el hombre a quien ella amaba más que a su vida.
Después de un rato y más calmada, Tamara se encuentra sentada en el sofá, junto a Luis, quién tiene un vaso de agua en su mano.
—Discúlpame Luis, no debiste presenciar esto, estoy muy apenada.
—¡No! Tranquila, debes saber que en mi tienes a un buen amigo con quién puedes hablar —este le toma las manos —Lo que te hizo ese hombre no tiene perdón.
—Si bueno, así son las personas, te traicionan sin importar a quién se llevan por delante, ¡Mírame a mi! —suspira— mi propia hermana me hizo esto —baja la mirada triste hacia el suelo.
Luis levanta su quijada con su mano, y le dice viéndola a los ojos.
—Si tú fueras mi novia, te cuidaría como si fueras el diamante más preciado que existe, cualquier hombre sería feliz con una persona como tú a su lado, no solo por tu hermosura. Eres una de las mujeres más imponente que he conocido en mi vida, inteligente, trabajadora, segura de sí misma, yo me quito el sombrero delante de ti
—Luis, por favor, no digas eso, solo soy una chica que ha trabajado muchísimo para conseguir lo que tiene, es todo.
—¡No! Eres una chica excepcional —baja la mirada hacia los labios pequeños y carnosos de Tamara, e inclinándose hacia adelante rosa sus labios con los de ella.
Tamara ve los ojos de Luis, ella está decidida a sacar todo lo que tiene por dentro con el, por lo que ella, baja su mirada hacia los labios finos de el, y luego lo vuelve a ver a los ojo. Cuando de pronto sus respiraciones se conectan
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