Agust. Llevé la botella de cerveza a mis labios y bebí un gran trago sin apartar la mirada del hombre sentado frente a mí. Estábamos ocupando una de las mesas a las afueras de un pequeño local no tan concurrido y las pocas personas que transitaban por la calle a esa hora de la tarde ignoraban por completo nuestra presencia. Un sobre blanco abultado estaba a escasos centímetros de mis manos, su mirada suplicante esperaba que yo lo tomara porque una vez lo hiciera, estaba dentro. —La otra mitad te la daré apenas me entregues lo que te pediré. El sonido que produjo la botella sobre la mesa lo hizo brincar. Tomé el sobre y lo abrí, deslizando mi dedo por los billetes. Siempre me había gustado el dinero y no era fan de las responsabilidades, por ello, el dinero fácil era bien recibido. —Te

