Extra parte 2: Una historia para recordar, Nat y Bucky

2397 Palabras
—Todo empezó cuando teníamos diecisiete años —hablaba Bucky con una brillante mirada llena de ilusión."Steve y yo estudiamos en la academia de Shield durante unos años con la intención de integrarnos a sus filas mientras Bruce y Tony hacían sus carreras en el MIT, a la vez que Nat seguía en un colegio común y corriente. Steve partía de las instalaciones cada noche para estar cerca de Tony aquí en la torre Stark, en cambio yo prefería quedarme en Shield para mantener un poco de distancia con Nat y Bruce porque estaba enamorado de ambos y no sabía a quién cortejar sin que el otro saliera lastimado, pues podía sentir que era correspondido por ambos. En un fin de semana donde no aguanté la lejanía, decidí ir a visitarlos, primero iría a la casa de Nat y después por Bruce, aunque no sabía cómo comportarme con ellos después de haberme alejado tanto tiempo. Toqué el timbre de la casa de Nat y su madre me recibió con una sonrisa cariñosa. Ella se disculpó porque Nat estaba imposibilitada, había llegado su primer celo siendo alfa y se sentía muy mal como para recibir visitas, aún si se trataba de otro alfa. Sin embargo, la señora tuvo que salir de improviso a atender un asunto urgente de su trabajo, no le quedó más remedio que dejarme encargado de mi amiga. Caminé en esa casa vacía hasta subir a la alcoba donde ella se quejaba y emitía un aroma territorial muy intenso. En vez de causarme rechazo, me sentí eufórico por corresponder al reto involuntario al cual invocaba ella, yo ya había llegado a la madurez y en ese punto al percibir su aroma, no sabía si era una muy buena idea acercarme a ella pues podría atacarme y terminaríamos destruyendo la casa por sentirnos amedrentados el uno por el otro. Aun así, mi cuerpo se movió solo al abrir la puerta y asomarme para verificar que se encontrara bien, el primer celo es muy difícil y no quería que sufriera tanto como me pasó a mí. Ella se retorcía en la cama tirando de su ropa como si quisiera arrebatársela, el sudor empapaba su cara y sus mejillas tenían un precioso tono sonrojado. Un gruñido excitado se me escapó y ella se quedó quieta mirándome. Me preguntó qué hacía allí y yo expliqué que deseaba verla y ahora que la veía tan afectada por el celo, el deseo de cuidarla le hormigueaba todo el cuerpo de una manera muy extraña que no llegaba a comprender del todo. En anteriores ocasiones y cuando la adolescencia alborotó nuestras hormonas, ya habíamos intercambiado un par de besos que nos dejaban sin aliento, aunque nunca pasamos de allí y en ese momento yo solo quería estar encima de ella y complacerla. Cerré la puerta con suavidad a pesar de que no había nadie en la casa, ella preguntó por su madre y yo confirmé que se había ido al trabajo. Intentaba concentrarme en calmar mi propia necesidad por tocarla, teníamos que hablar, necesitaba confesarle mi amor por ella y por Bruce antes de cometer una estupidez porque Nat podría reaccionar de dos formas: me rechazaría por el choque de nuestras naturalezas o me aceptaría y al confesarle mi amor por Bruce de todos modos le rompería el corazón. Me acerqué despacio y me senté en la cama sin poder apartar los ojos de esos preciosos labios temblorosos por la respiración acelerada que pasaba entre ellos. Ella suspiró pesadamente y se arrastró en la cama hasta tomarme por los hombros y yo sentía morir si pasaba otro segundo sin poder tocarla. Cualquier pensamiento coherente se escapó de mi mente cuando sus labios chocaron con los míos en un beso lleno de necesidad. Sin poder procesar nada la empujé sobre la cama y la acaricié haciéndola jadear y expulsar sus feromonas con más fuerza. Yo ya conocía esa acción, era el llamado natural para atraer al omega y aparearse Aunque para mí esa incitación era un reto que me indujo a mi propio celo, como si mi cuerpo quisiera imponerse sobre ella y un gran deseo por someterla se apoderara de mí. Nat comenzó a quitarme la ropa y yo correspondí abriendo su camiseta de pijama dejando a la vista esos suaves y delicados pechos. Era la primera vez que veía una parte tan íntima de ella y la vergüenza por no saber cómo actuar me regresó un poco a la realidad. Estaba a punto de tener relaciones sexuales con una chica alfa y no estaba muy seguro de si saldría bien. Ella se me adelantó al notar mi pausa y me confesó su amor, desde aquella vez en el jardín de niños donde caballerosamente le había ofrecido una silla, se había enamorado de mí y yo mencioné que había quedado flechado desde que vi ese hermoso cabello rojizo entrar por la puerta del salón. Casi al mismo tiempo confesamos nuestro amor por Bruce, ambos lo deseábamos como nuestro omega e inesperadamente las cosas comenzaron a salirse de control. Ella sin saber cómo manipular sus feromonas marcó territorio y me miró con ojos encendidos reclamando que Bruce sería suyo. Yo un poco ido por esa actitud desdeñosa gruñí en desacuerdo y en vez de comenzar a luchar como lo haría cualquier alfa, nos besamos con más furia terminando desnudos en su cama intentando tomar control uno del otro. A pesar de que en el colegio nos habían enseñado la anatomía del cuerpo de los alfas y omegas tanto hombres como mujeres, no pude evitar sorprenderme cuando un m*****o se frotó contra mi cintura. Había olvidado por completo que el clítoris de las chicas alfa se inflaba al estar excitadas y se convertía en un m*****o, el cual, podría embarazar a los omegas. Rompí el beso para agachar la mirada y al levantarla de nuevo, Nat lucia muy avergonzada e intentaba cubrirse con una mano, la misma que tomé y besé antes de volver a sus labios. Ella quiso detenerme al sentirse insegura con su cuerpo y asegurando que otro alfa no querría estar con ella por esa extraña característica y yo solo podía pensar que estaba loca. Besé su cuello y recorrí con mis labios su cuerpo hasta llegar a su vientre donde ella me detuvo. La miré a los ojos con una expresión llena de deseo y lamí ese m*****o hasta introducirlo en mi boca sin dejar de mirar cada una de sus expresiones llenas de satisfacción. Tuve que detenerme en el momento en que la sentí estremecerse cerca el orgasmo. Sabía que mis instintos eran egoístas, pero no podía ignorarlos, necesitaba hacerla mía, esas caricias solo las había hecho para infundirle seguridad. Me incorporé encima de mi hermosa chica y palpé con cuidado su sexo, el cual, estaba húmedo por su naturaleza femenina. No sabía si estaba lista para recibirme, pero yo era un adolescente caliente y no tenía paciencia como para asegurarme de ello, era la primera vez que tenía sexo y ardía por entrar en ella. Abrí sus piernas y apoyándome en la cama comencé a entrar. Tuve que usar todo mi autocontrol para no dejarme llevar y embestir como realmente deseaba. Nat gemía a la vez que tiraba de mis hombros hacia abajo, aunque yo no cedía a su fuerza, ella solo logró colgarse de mí. Tuve que detenerme al sentir sus uñas clavadas en mis hombros, estaba muy tensa, por lo que deduje que algo estaba haciendo mal. Al preguntarle si estaba bien, ella confirmó que dolía. Sujeté su espalda y la atraje para hincarme y ella quedar a horcajadas sobre mí, así Nat podría decidir si continuar o detenerme. Sin embargo, después de unas cuantas respiraciones profundas ella continuó empujándose contra mi m*****o erguido hasta quedar completamente unidos acariciándonos y besándonos. Nat se alejó del beso y me sonrió con malicia diciendo que para la siguiente ocasión cambiaríamos de roles y las sorpresas no se acababan al sentirme dispuesto a hacer lo que fuera para complacerla. Ella comenzó a moverse gimiendo y mi m*****o envuelto en tan delicioso calor húmedo volvió a dejar a mis instintos encargarse por completo. La recosté con brusquedad y embestí en ella con fuerza expulsando mis feromonas, cubriéndola con ellas para marcarla de esa forma como mía pues no podía morderla, lo único que podía hacer para apropiarme de ella era impregnarle mi aroma. Me movía como si estuviera poseído; la acariciaba, presionaba nuestros cuerpos juntos y por instinto me agaché deseoso por dejar mi mordida en esa mujer que me había vuelto loco con su celo. Ella parecía haber entendido mis intenciones porque comenzó a usar su tono alfa conmigo, intentando doblegarme para que me tranquilizara, ordenándome a no morderla y yo luchaba contra mí mismo para obedecer. No sabía lo que pasaría si dejaba mi marca en ella, pero seguro que no sería nada bueno. Disminuí mi ritmo siguiendo las instrucciones de Nat y pude tener control de mí mismo de nuevo. Por un lado me sentía molesto por haber obedecido órdenes cuando yo era un alfa mucho más fuerte que ella, sin embargo, al escuchar un suave "te amo", mis sentimientos de adoración por esa chica fueron más fuertes que mi orgullo. Continué acariciándola y dando estocadas fuertes, aunque lentas. Ella arqueó su espalda y se vino con un largo gemido de satisfacción; yo sin poder aguantar un segundo más salí de ella y me corrí sobre su estómago. No había usado protección y me sentí un poco culpable porque a pesar de que era mu difícil que una mujer alfa se embarazara, no debíamos correr el riesgo. Me hinqué entre sus piernas respirando aceleradamente y ambos contemplamos nuestra desnudez durante un buen rato mientras nuestras respiraciones se regularizaban, deseaba recostarme encima de ella para reposar, aunque no sabía si aguantaría mi peso. Ella siempre fue hermosa y ahora que era toda una mujer, era la chica más sexy del mundo. De alguna forma la sentía mía porque yo había sido su primera vez y ella, igual para mí. Mi cerebro trabajaba con tremenda lentitud, no pude conectar mi cerebro con mi lengua cuando inesperadamente le pedí que fuera mi novia. La petición sonó como si fuera un estúpido adolescente enamorado. Ella se rio entre dientes para después decir que después de haber hecho algo así, no había forma de negarse. Me recosté a un lado de ella para abrazarla y aunque su cuerpo todavía estaba caliente por el celo, nos mantuvimos en total paz abrazados hasta que Nat no aguantó más y le ayudé de nuevo a desfogarse un poco. Pasamos unas cuantas horas juntos, explorándonos, besándonos, amándonos y cuando escuchamos el ruido de un automóvil estacionarse en la acera, brincamos a prisa para colocarnos nuestras ropas y fingir que no había sucedido nada, aunque la sobrecarga de feromonas en el ambiente contradecía nuestra fachada. Su madre tardó un poco en subir en nuestro encuentro y fue el tiempo suficiente para abrir el gran ventanal de la habitación en un intento de ventilar un poco la estancia. En cuanto la señora entró, Nat estaba recostada en la cama con su pijama leyendo un libro mientras yo ocupaba su computadora. Ambos saludamos con alegría y su madre pareció no darse cuenta de lo que había sucedido durante el día, era lógico pues era casi imposible que dos alfas lograran aparearse y más siendo tan jóvenes. Yo me despedí de Nat para irme a casa y en el camino iba suspirando atontado. Jamás creí posible que uno de mis grandes amores fuera a corresponderme, nuestras naturalezas no significaron nada al lado del amor que compartíamos. Y no sabía el impacto que tendría aquel encuentro, eso solo era el inicio de un hermoso romance juntos y a la vez una lucha constante por obtener la atención de Bruce, nuestra precioso omega". Las miradas de los pocos vengadores que se mantenían escuchando la historia provocaron una gran carcajada de Nat y Bucky. —Impresionante —susurró Pete sin despegar la mirada de ambos. —Lo es —respondió Nat mostrándose un poco más sería—, pero eso no quiere decir que tú tienes permiso para ir a juguetear con ese alfa, tu situación es distinta... —Lo sé, lo sé —respondió Peter de mala gana poniéndose de pie y dándole la espalda a la audiencia—, yo soy un omega debilucho que Wade podría hacer pedazos si quisiera y... —Tienes una familia que te ama —interrumpió Bucky en el mismo tono serio de Nat—. Tu situación es distinta porque tiene padres que te aman y muchos tíos que te cuidan, Pete. Nosotros no gozamos de ese privilegio, nuestros padres eran... —Irresponsables —completó Nat con indiferencia levantándose para abrazar a su sobrino por la cintura y apoyar el mentón sobre ese delgado hombro—. Pete, yo no creo que Wade pueda herirte y tampoco estoy a favor de que permitas una marca todavía. Conócelo, enséñale tu mundo y si te sientes en peligro en alguna ocasión no dudes en llamarnos, sabes que estamos aquí para ti. —Gracias —respondió el pequeño araña con la voz quebrada. —Te amamos —susurró Nat solo para él dándole un beso en el cabello a la vez que los demás comenzaban a interrogar a Bucky para más detalles acerca de la historia—, eres nuestro pequeño omega, el más fuerte que exista. Mucho más fuerte que el mismo Tony. Pete emitió una suave risita que hinchó su corazón. No le gustaba ver triste a su pequeño y mucho menos que se sintiera inseguro por su naturaleza. —Yo también los amo —susurró Pete con afecto. Nat suspiró satisfecha cuando el aroma dulce de Pete se hizo más fuerte como cuando se sentía auténticamente feliz. Cerró los ojos manteniéndolo abrazado y dejando que un torbellino de memorias vinieran a ella. El olor de Pete era una mezcla del de Tony con algo más fuerte parecido al de Steve que siempre llamaba a los recuerdos de todo ese tiempo con sus parejas y sus grandes amigos. ¿Cómo no amarlo cuando ese pequeño le recordaba toda una vida llena de felicidad y amor? Una vida perfecta que con cada año traía experiencias cada vez más gratificantes.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR