―Creo que es el primo, ¿no recuerdas lo que dijo? ―murmuró Mimi recorriendo mi habitación de un lado a otro. Viéndola así de ansiosa, parecía ella quien estaba a punto de conocer al supuesto chico misterioso. ―¿Qué dijo? ―dudé sosteniendo unas cuantas hojas entre mi mano. ―Dijo «mi pri…» y no terminó la oración ―recordó ella. Suspiré y alcé la mirada del guion que estaba sosteniendo. ―Eso no quiere decir que sea el primo, Mia ―repuse alzando una ceja. Dicho eso, volví a la lectura del guion, aunque ya lo hubiese leído más de diez veces. ―¿Qué otra cosa puede significar? A ver, dime ―me desafió. ―Quizá quiso decir mi prí… ncipe azul ―dije alargando la palabra. Mimi rió―. Mi pri… mer amigo, ¿no? ―Sonreí con repentina astucia―. Mi pri… sionero. Mi pri… mogénito. Mi pri… ―quise seguir,

