―Un amor para recordar1 ―propuso Mimi dejándose caer en mi cama. ―¿Acaso no sabes que existen más películas? ―dije burlesca―. La hemos visto casi cien veces ―acoté. ―Exagerada ―me acusó señalándome con un dedo desde su posición recostada, con varios cojines bajo su cabeza―. Apenas la hemos visto tres veces. Y la última vez fue hace… ya ni recuerdo cuando fue. Reí por su dramatismo y me senté en el lado contrario de la cama, dejando caer la cabeza sobre su estómago. ―Hace mucho no hacíamos esto ―dije con la mirada puesta en el techo. Mimi no respondió a mi comentario y un silencio extraño se hizo dueño de mi habitación. ―¿Y si miramos Loco y estúpido amor2? ―sugirió dejando en el olvido mis palabras. Me reincorporé, sentándome en posición india frente a ella, y suspiré. ―¿Qué tal si

