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1098 Palabras

Edgar  Aun así, Zoe sigue sin entender que no se me escapa absolutamente nada, que cada uno de mis empleados los tengo controlados. No soy de fiarme a la ligera de los demás y para ver su lealtad primero deben demostrarlo. —¿Qué vamos a hacer? Solo da la orden y este tipo desaparece del mapa. Zeus me ve nervioso. —¿Qué cambiaría? Negué con la cabeza. —Sé que ella no lo ama, lo sé, joder—grité—. Regresamos a casa. De que me había servido alejarme estos días si han sido los más difíciles que he pasado sabiendo que la tenía lejos. —Busca información sobre ese hombre— le pedí a Zeus montando en el avión y mientras pienso que debo hacer con Zoe. Gana el que no se enamora, el que no se ata a nadie y pierde el que decide dar su vida por la otra persona. Al llegar a casa, en la planta

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