LA ENTREVISTA IV Después de su regreso a la cárcel fue tal el estado de agitación nerviosa de Hester, que se hizo necesaria la vigilancia más asidua para impedir que intentase algo contra su persona, o que en un momento de arrebato hiciera algún daño a la pobre criaturita. Al acercarse la noche, y al ver que no era posible reducirla a la obediencia ni por medio de reprensiones ni de amenazas de castigo, el carcelero creyó conveniente hacer venir a un médico, que calificó de hombre muy experto en todas las artes cristianas de ciencias físicas, y que al mismo tiempo estaba familiarizado con todo lo que los salvajes podían enseñar en materia de hierbas y raíces medicinales que crecen en los bosques. En realidad, no solamente Hester, sino mucho más aún la tierna niña, necesitaban con urgenci

