Camino hacia el coche a pasos más lentos que una tortuga intentando buscar una buena explicación a esto. No he hecho nada malo, pero se lo he ocultado y eso está mal. Solo espero que me deje explicarme antes de ponerse a gritar como un loco. No quiero alterarme y que acabemos discutiendo. Es lo que menos quiero. Muy a mi pesar, llego junto a su coche. Me mira a través de la ventanilla abierta intentando parecer calmado. Pero no lo está. La vena que parece querer salirse de su cuello, le delata. - Sube - dice en un tono frío que me hace temblar. Rodeo el automóvil, abro la puerta del pasajero y me siento a su lado. Noto su mirada sobre mí pero yo lo único que hago es mirar hacia abajo. Que cobarde soy. Cuando se da cuenta de que no voy a dejar de mirar mis pies, suspira pesadamente y arran

