Batí las manos contra el escritorio más de una vez, molesta por la noticia que salía en la primera plana de la revista enemiga. Se suponía que nosotros teníamos la exclusiva de tan inmensa noticia, pero a Carrie, la editora en jefa de la revista Eyes, se le ocurrió robarnos la entrevista por medio de un jugoso soborno a uno de mis empleados. La sangre se aglutinó en mi cabeza y sentía que explotaría de ira. —¿Cómo es posible que Peter se vendiera al mejor postor? —le pregunté a Perla al tenerla parada frente a mí, al otro lado del escritorio—. Es increíble que uno de mis más fieles reporteros terminara vendiendo la primicia a la maldita de Carrie. —Andrea, debes calmarte —susurró Perla al rodear el escritorio—. Sé que es algo demasiado bajo para la revista, pero nada sale de ocasionarte

