—¿Qué te parece? —preguntó al final. —Es muy hermoso. Él se alejó del animal y sujetó de nuevo una de mis manos. Estábamos bajo las titilantes estrellas, el sonido de los caballos y el ruido opacado de la música country. Él me contó algo tan íntimo que me sentí mal al no contarle mi mayor secreto. Me ardía el alma por guardárselo, aun cuando anhelaba solo decirlo y quitarme ese peso del cuerpo. —¿Qué pasará después de esta noche? —inquirí para alejar esas ideas. —Este es como el debut, pero ya ellos me dirán donde debo presentarme y con quien —respondió con una mueca—. De hecho, el hombre que me contactó esta aquí. Ya firmamos el contrato y estipulamos las reglas, así que solo queda esperar. —¿Tienes miedo de lo que suceda de ahora en adelante? —Claro que sí —afirmó con sus dedos e

