Intente buscar una manera de librarme de estas malditas cadenas, pero no había llaves ni siquiera herramientas que pudieran cortarlas, ni una simple traba se encontraba en la habitación. Pero no tenía pensado el quedarme de brazos cruzados, esperando a que William llegara. Debía buscar una salida. El único lugar que no había inspeccionado eran los muebles justo al lado de la puerta. Pero no podía alcanzarlo puesto que las cadenas tenían un limite y no me dejaban llegar hasta allá. —¡Maldicion!—Murmuré luego de golpear la almohada a mi lado. Me sentía frustrado de no poder hacer nada para liberarme. —Buenos días Basil, ¿Has dormido bien?—escuche la voz de William la cual provenía desde la puerta. Este entro a la habitación y comenzó a mirarme con una sonrisa mientras sujetaba un conejo

