La reina está caminando en un salón amplio que más bien parece un pequeño auditorio, es donde supongo se dan las juntas a las que Samuel no me ha llevado, o traído. Mi madre está en la habitación con su traje normal de todos los días mientras está en este lugar, he querido muchas veces que dejé de trabajar aquí, pero es testaruda y no me hace caso. —¡Proyecta!—dice la reina en tono alto—. Deben escucharte fuerte y claro en toda la sala. Suspiró antes de ver qué espera que continúe con el absurdo discurso que Samuel ayudo a qué me aprendiera para este estúpido momento. Pero más que discurso es un verso que mi esposo escribió en sus años de juventud, por eso la reina me pidió esté específicamente. —Esto es basura. —¡Te escuché!—suspiro de nuevo antes de volver a comenzar. El verso sale

