Los gemidos de Alexa suenan de forma delicada en mi oído, sus uñas se incrustan de vez en cuando en mi pecho. Pero no la detengo mientras sigue montándome de esa forma tan… de ella. Entre dulce y ruda. Con ella no firme ningún contrato de sadomasoquismo, sólo es sexo del bueno. Dura un poco más antes de que nuestros orgasmos se apoderen de nosotros. Se viene sobre el condón que envuelve mi largo para que no le dé un heredero mío, que un bebé jamás será mí cadena. —Adoro cuando me dejas llevar el control. —No te acostumbres. Retiro el condón que tiene mucho fluido y lo tiro en el cesto de basura de mi habitación. Me acomodo el pantalón antes de verla a ella acomodarse el vestido que tiene puesto. Creo que debimos esperar a que fuera de noche, pero teníamos está pequeña urgencia. Alexa

