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1832 Palabras

Trago saliva cuando la reina se pone de pie para mirarme y después mirar a Samuel, aunque su hijo se mantiene neutro y tranquilo la reina no parece estarlo. —Samuel. Explícame. —Natasha, vete a nuestra recámara—pide aunque es una orden, no parece que me la haya dado como tal. Ve la duda en mis ojos, sí lo dejo es dejarlo lidiar con lo que sus padres pueden decir, pero sé que quiere evitarme un sin fin de cosas. —Ve, en unos minutos te alcanzo. —No tardes. Al salir del estudio escucho los gritos que la reina le da a Samuel por dejar que lo esperé en nuestra recámara, pero estoy segura de que se refería a la suya. Subo las escaleras y algunas empleadas me observan con curiosidad, no creo que sea buena idea que yo diga algo. Entró en la recámara de Samuel y veo varias de mis cosas aquí.

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