Los golpes constantes en mi puerta hacen que me levanté con ánimos de matar al que está del otro lado. Abro para ver a mi madre con cara de pocos amigos, por el momento no tengo ánimos de discutir con ella. Entra a mi habitación antes de azotar la puerta con fuerza.
—¿Por qué demonios rompiste la sábana?—chismoso.
Aunque no tanto, él fue quien la rompió, yo sólo hacía mi maldito trabajo.
—Yo no la rompí—gruño molesta.
—¡Bastián te vió!—me grita con todo lo que su pulmones tienen—. Pagas esa sábana, si no te van a despedir.
—Ese idiota la rompió para que fuera a su oficina—no pienso en mis palabras hasta que recibo una bofetada de parte de mi madre.
—¡Respeta a los que te dieron trabajo!—no me calmo el ardor del golpe.
—¡¿Respeto?!—grito como ella—Por Dios, madre, tú conseguiste este trabajo para vigilarme de cerca, porque no lo hiciste cuando debías por cuidar a esta familia.
—No empieces, Natasha.
—Papá cuido sólo a tres hijos. Porque su esposa cuidaba a los hijos de alguien más—mi madre aguanta lo que le estoy diciendo—. Te perdiste muchos eventos importantes para mí o para Gretel, o para Jacob. Admítelo madre. Te era más fácil decir que te quedarías a limpiar que vernos.
Mi madre aprieta los puños a sus costados, no deja de aguantar lo que mi boca le escupió y hecho en cara. Sus labios son una delgada línea de malestar, creo que si fuera gato sus pupilas estarían siendo esa delgada línea que los caracteriza.
—Bien. Pagas la sábana y te vas—auch.
No esperaba esa reacción tan seca de su parte, aunque viéndolo por el lado positivo me libré de seguir trabajando aquí.
Voy a dónde he guardado el dinero que me han estado pagando y como no he salido a ningún puto lado porque mamá no me dejaba salir, tengo lo que se necesita para pagar la mugrosa sábana.
Le doy el dinero a mi madre antes de sacarla de mi habitación con el pretexto de que tengo que empacar. Que al final de cuentas papá no quería que viniera a trabajar aquí. Podía trabajar en la empresa del abuelo, pero quise complacer a mi madre.
Una vez tengo mis cosas listas, me encamino a la puerta trasera para irme de una buena vez de este lugar aburrido. Saco mi celular para mandarle un mensaje a mi padre, diciéndole que pasó lo que pasaría.
Recibo su respuesta en cuestión de segundos.
"Tu madre no aprende. ¿Quieres que vaya a recogerte?"
Suena muy tentador, sin embargo, quedé con Marco de hacer un par de cosas. Y él vendrá a recogerme sin saber que me voy con maletas.
Camino en dirección a la salida, cuando veo al rey dando su paseo matutino. Aceleró mis pasos con paso firme cuando su voz me detiene. Me quedo quieta para darme la vuelta y darle una reverencia pequeña al rey.
—No hace falta, Natasha.
—Lo siento.
—No sabía que te habían dado empleo en otro lado—trago despacio.
—No me lo dieron, majestad.
—¿Por qué te vas en ese caso?
Tengo dos opciones. Decir la verdad y rogar que me crea o mentirle, la segunda suena tentadora. Pero al final termino por decirle la verdad y la situación que me hizo pasar Bastián con la maldita sábana que rompió, pero omito el detalle de la oficina.
El rey parece comprender, pero estoy segura que se pondrá del lado de su hijo, pero me asombra ver qué me dice que vaya a dejar mis cosas a mi habitación y que me espera en su oficina en veinte minutos.
Hago lo que me pide sin pensar en que puede pasar al hacerlo. Dejo mis maletas en mi habitación y sin cambiarme el vestido que tenía puesto camino al despacho del rey. Varias de las empleadas se me quedan viendo por como camino y a dónde me dirijo sin que me importe.
Pues nadie había andado en prendas normales de día y estoy cometiendo un crimen al pasearme con ropa normal por el lugar. Llegó al despacho del rey y toco con suavidad la madera de la puerta. Me deja pasar la voz del rey y no dudo en pasar. Al abrirla veo al príncipe Bastián sentado en un sillón individual de color café, me ve y arquea una ceja.
—Buenos días.
—Buen día—saluda el rey—. Pasa Natasha y toma asiento.
Lo hago. Los ojos de Bastián caen en mí y más bien en mi cuerpo, parece que de no estar el rey me saltaría encima para abrirme las piernas y hundirse en mí. Pero no. No le daré esa oportunidad.
Me siento frente al rey y es cuando la puerta se abre de nuevo.
—¿Me llamó, majestad?—el rey asiente a la voz calmada de mi madre.
Entra para ponerse al lado del escritorio.
—Deja el dinero que Natasha te dio esta mañana—mi madre gira su vista a mí y sus ojos despliegan irá.
Ya me acostumbre a esa mirada. Siempre la recibo de su parte.
—Majestad...
—Por favor.
Mi madre saca de su bolsillo la cantidad que le dí hace rato. Se retira sin azotar la puerta, estoy segura que de estar solas lo hubiera hecho.
—Bastián, ¿Por qué rompiste la sábana?—la risa de Bastián suena en toda la estancia.
—¿Me acuso?
—Bastián.
—Eso le pasa por no seguir instrucciones—dice tranquilo—. Le dije que quería verla en mi despacho y no fue.
—Romper una sábana no debe ser motivo de extorsión—Bastián rueda los ojos cansado de la conversación—. Es en serio, Bastián.
—No voy a pedir disculpas, si es lo que quieres.
Le agradezco al rey interrumpiendo el intento de hacer que su hijo se haga responsable de sus cosas, pero ya le dije a mi padre que puedo trabajar en la empresa además le digo que mi novio ya debe estarme esperando, y es cuando la cara divertida de Bastián se cae.
—Con permiso, alteza.
Me retiro del despacho cuando camino sin cuidado por el pasillo, pero le saco al que me lleva a mi recámara. No quiero ver a mi madre en estos momentos, así que salgo por la puerta de empleados por el camino largo. Salgo a la parte trasera para ver la camioneta de Marco esperándome, sonrío antes de salir totalmente.
—Hola linda—saluda y yo muero por su apodo—¿No has visto a una preciosa mujer morena con unas caderas que me vuelven loco cuando me monta?
—¡Marco!—ríe antes de besarme los labios.
—Vamos a ver una sorpresa que tengo para mi princesa.
Me derrito antes de subir al auto con él. Acelera por las calles cuando recibo una llamada de mi madre, ruedo los ojos antes de responderle.
—¿Qué?
—Se dice mande, Natasha.
—Mande mamá—Marco sacude la cabeza con una sonrisa en sus labios.
—El rey me dijo que fue Bastián quien rompió la sábana—dice apenada—. Lo siento.
—Ese es el problema, mamá. Siempre esperas a que alguien más te diga que yo tenía razón y no me crees a mí.
Marco se estaciona en una farmacia, de sobra sé que llegó a comprar.
Le cuelgo a mamá antes de ver qué le llega un mensaje, no soy novia celosa, veo que dice que la chica le dejo una sorpresa en la guantera. Ladeó los labios para ver qué le dejo, abro la guantera y me topo con una cajita como para reloj. Al abrirla veo una… es positiva.
—Listo—dice pero yo sigo viendo lo que tengo en las manos—. Dos cajas, así… ¿Es tuya?—mis ojos van a él y luego a la prueba que tengo en las manos—. Natasha siempre lo hemos…
—¡Es tuya, grandísimo idiota!—se la arrojó con las cajas que puso en mis piernas—¡Dile a la maldita zorra que ya lo viste!
Me bajo de la camioneta para caminar de regreso al palacio. No sé me ocurre otro lugar, pero podría irme en taxi con papá, pero dejé mis cosas en la habitación.
—¡Nat!—me grita—¡Bonita, espera!
—¡Déjame en paz, Marco!
—No debiste leer el mensaje…
Le doy una bofetada, una más fuerte que la que me dieron a mí en la mañana.
—Fiel, lindo y caballeroso. Así te tenía de estimación—no le voy a derramar una sola lágrima.
No frente a él.
—Amor…
—No me busques, no me llames e ignora que saliste conmigo.
Doy la vuelta para avanzar de nuevo, en ningún momento miro atrás. Jamás miraré atrás. Las gotas de lluvia caen mojando mi ropa y a mí me tiene sin cuidado, al llegar al palacio estoy empapada y para mi sorpresa quien me auxilia es el idiota que rompió la sábana.
No pregunta y lo agradezco.
Y así es como dos años de relación se mueren.