Separo mis labios, para replicar o intentar hacerle pensar lo contrario, pero estoy cansada de hacerlo. ─Tranquila, tu secreto está a salvo. Pero deberías de aconsejarle a Alessandro que disimule mejor, podría jurar que te ha comido más que a su cena ─expresa, interviniendo antes de que diga alguna otra palabras. Mis ojos se escuecen y ella me abraza, acariciando mi espalda con sus manos, proporcionándome cierta protección en sus brazos. ─¿Desde cuándo…tú? ─Hace poco, realmente estaba ciega. O quizás estoy muy tonta, para no haberme percatado mucho antes y es que ustedes tienen una conexión muy fuerte, me sorprende que ellos no se hayan dado cuenta aún ─responde, mirando a los prometidos bailando, con cierta preocupación─. ¿Por ellos es que lo han mantenido en secreto? ─Pregunta sin

