De camino a mi casa, en la parte trasera de la limusina de Franco él habla animadamente de mi madre y sus ojos se iluminan al hacerlo. Dejo salir un suspiro, bajando mi vista a mi pulsera, para jugar con ella. ─Te noto un poco aburrida, lo siento, es que cuando uno está enamorado… no hay otro tema de conversación. Pero si quiere cambiamos de tema ─interviene de repente, llevándome a mirarle. ─No, no… me fascina escuchar cómo proclaman su amor. Quizás me motiva a tener algún día, uno similar ─menciono, sonriéndole. Finalmente bajo del auto, despidiéndome con mi mano ondeándola en el aire. ─Gracias, señor Vitale ─digo, colocándome erguida. ─Dime, Franco, seremos familia. Cuídate mucho, Pianella ─dice, subiendo la ventanilla, para marcharse. Suspiro, saludando rápidamente a Carlos

