Siento que este puede llegar a ser el mejor día de mi vida. Había estado trabajando mucho para poder comprarme un vehículo y por fin tenía uno, aunque bueno, me salté la parte de yo pagar los puntos. Me siento muy feliz y emocionada. Por ese motivo, Alejandro me lleva a un bonito restaurante para celebrar, y todo es risas y alegrías. Al día siguiente, me encuentro sola en casa, pero un golpeteo en la puerta me hace abrirla y veo a Gerardo del otro lado. Ingresa y cierra la puerta antes de que pueda decir algo, y me besa. Lo hace de forma apasionada, y me quedo estática sintiendo sus labios alrededor de los míos. Me toma de la cintura y me apoya contra la pared. — Te deseo — exclama él, y yo lo empujo. — ¿Qué haces? — pregunto confundida, y él se muerde los labios. — Besarte, ¿qué más?

