Luego de llorar unos minutos, respiro profundo y corro al baño a lavarme el rostro. Julia me espera parada detrás de mi mientras me analiza con sus grandes ojos azules llenos de preocupación y, otra vez, me odio por hacerla preocuparse de esta forma estando embarazada. — ¿vas a decirle a Alex? — pregunta con voz temblorosa mientras acaricia su panza. — ¿estás bien? —pregunto viendo cómo se soba el estómago. — Sí, son dolores normales en esta etapa— contesta encogiéndose de hombros y acomodando sus piernas como puede para sentirse más cómoda estando de pie. —Repito: ¿vas a contarle a Alex? La observo a través del espejo, y no sé qué contestar. Si le digo a Alex, lo más probable es que se preocupe y decida regresar de Boston. Pero eso no es lo que quiero. No voy a ser u

