—El placer es mío. Espero que haya sido mi hermano quien te haya nombrado —añadió Luca, bromeando, mientras le daba un beso en cada mejilla a Elizabeth y hacía lo mismo con Coral, antes de volver a su lugar. En ese momento, Coral sentía que su corazón iba a salirse del pecho. No entendía lo que estaba sintiendo exactamente, o quizás sí lo sabía pero no quería aceptarlo. ¿Acaso debía sentir eso por alguien que no fuera Diego?, se preguntó para sí misma. Además, sentía que su cara ardía alrededor de sus facciones. —Sí, así es. Tu hermano habla muy bien de ti... me ha dicho que eres muy inteligente y astuto —intervino Elizabeth. —Sí —dijo Luca—, pero no eres el único genio aquí presente, también está Coral, ¿verdad? Coral dio un paso al frente impulsada por su hermana. Se sentía extremada

