—Sí, está casada y he escuchado que su esposo es celoso. Supongo que por eso no le agrada la idea de que viaje conmigo. Lo entiendo —dijo Tiziano mientras se quitaba las gafas de una forma única y cautivadora. No sabía por qué, pero le pareció un gesto soberbio por parte de él. Eso creía, al menos. —Si tú lo dices. ¿Está lejos el hotel? —preguntó mientras miraba por la ventana del auto. —No, solo un poco. Llegaremos, nos instalaremos y luego iremos a casa de un amigo que está pendiente de mis asuntos aquí. Será una reunión breve, mañana iremos a ver la obra y necesito supervisarla. —Bien, lo anotaré todo. Así que podré descansar un poco —mencionó aliviada. Había tenido que levantarse temprano, por lo que ahora se sentía agotada. —Sí, podrás hacerlo. La habitación de hotel que Tiziano

