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455 Palabras

—Sé que hay mucho trabajo en la compañía, por eso preferí venir, pero también pensé que me sentiría mucho mejor. —¿Sabes qué? —dijo él con arrogancia, acercándose a ella—. Soy quien manda aquí, y hoy no quiero que estés en mi compañía. No estoy dispuesto a tolerar torpezas e incompetencia hoy, ve a que te revise un médico, Elizabeth. —No es necesario que me hable así —respondió ella dolida. Un nudo se formó en su garganta, apretando cada vez más a medida que las ganas de llorar crecían. —¿Quieres que te hable con dulzura? —escupió él, mientras ella se tapaba la cara, sollozando. —Eres un idiota. Ser mi jefe no te da derecho a hablarme así —soltó molesta. —¿Idiota? Fíjate bien en tus palabras, Elizabeth —la miró seriamente, y ella bufó. —Ahora mismo recogeré mis cosas y me iré —anunci

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