Natasha no supo en qué momento el cansancio la venció, después de todo lo que había pasado, la huida, el enfrentamiento con su padre, la propuesta de matrimonio, el maltrato físico y psicológico de Alexei, su cuerpo finalmente cedió al agotamiento. Héctor la llevó a la habitación más hermosa que jamás había visto, las cortinas de lino blanco se mecían con la brisa que entraba por el balcón y la enorme cama tenía sábanas tan suaves como una nube. — Descansa, amor. — le susurró Héctor, acostándola con cuidado. Natasha apenas tuvo fuerzas para asentir, se sentía segura, se sentía amada, Héctor se quedó sentado junto a ella, acariciando suavemente su cabello hasta que se sumió en un sueño profundo. Cuando despertó, la luz dorada del atardecer entraba por la ventana, se desperezó lentamente y

