Durante esos días de vacaciones, Natasha se sumergió completamente en el ambiente relajado de la villa, disfrutando cada momento con sus amigas, se reían, paseaban por la playa y compartían largas charlas sobre sus vidas, mientras el sol brillaba sobre ellas. Había algo en la brisa marina que la hacía sentir libre y llena de energía, un contraste tan grande con la vida que pensaba dejar atrás en Moscú. Cada tarde, las chicas se reunían en el salón, tomaban vino y disfrutaban de una compañía genuina, y aunque Natasha no podía dejar de pensar en Héctor y en la conexión que compartían, también sentía que esos días con sus amigas eran una oportunidad para relajarse, para desconectarse un poco de todo y para despedirse de ellas. Por las noches salía Héctor, eran momentos de libertad para Natas

