El supermercado

1386 Palabras

La sensación de impotencia y tristeza se apoderó de mí, dejándome sin defensas ante las lágrimas que brotaban sin control. Mi rostro empapado reflejaba mi angustia, y mis ojos enrojecidos ardían con la acumulación de emociones contenidas. La esperanza que había albergado, de que Amelia reconsiderara su decisión, se desvanecía como humo entre mis dedos, dejándome con un vacío abrumador en el pecho. La habitación a mi alrededor parecía cerrarse, convirtiéndose en un refugio solitario donde podía liberar mis sentimientos más profundos. El silencio solo era roto por mis sollozos entrecortados, que resonaban en el espacio y parecían llenarlo de pesar. Cada lágrima que caía al suelo llevaba consigo un pedazo de mi frustración, de mis deseos no cumplidos y de las expectativas destrozadas. La id

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