Primer día

1721 Palabras
—¿Cómo que te vas a casar otra vez? ¿Estás loca? —interrogó mamá, con el ceño fruncido. Estábamos en la mesa, comiendo el desayuno y decidí soltarles la gran noticia a ambos. Papá me quedó viendo sin tener mucha sorpresa ante mi repentina confesión, pero mamá casi echaba humos por la cabeza. —Será un compromiso arreglado, por contrato, como le digan. No me enamoraré de ese tipo y será beneficioso para ambos, mamá —expliqué, sonando el plato con la cuchara. Era cereal. —¿Pero en serio tenía que ser con su hermano? —inquirió, estupefacta. —Entre los dos hermanos Watson, Eric me parece un mejor hombre para ti —habló papá, dejando a mi madre con la boca abierta—. Es un CEO, lo he visto en las noticias y su capacidad es increíble. Lo admiro, así que me alivia mucho que hayas cambiado al imbécil de Dante por un verdadero hombre, Ximena —añadió, ojeando el periódico. —¿Tú estás de acuerdo con que se vaya de nuevo? —le preguntó mamá. Vale, yo quedé en shock por lo que dijo mi padre ya que ni en mis sueños esperaría que él me aprobara a un hombre. Nunca lo hizo con Dante, de alguna manera me sentí en paz y feliz de que estuviera de acuerdo conmigo, aunque no les iba a decir que lo hacía por pura venganza. —Eva, cariño. Nuestra hija está cerca de los treinta, no podemos mantenerla con nosotros por siempre y cortar sus alas. Bien sabes que lo mejor es que aprenda a valerse por sí misma, y eso lo logrará con Eric, porque Dante solo pensaba en sí mismo y la tenía encerrada —argumentó mi padre, mirándome con orgullo. —De acuerdo, preferiría que Dante no se volviera a mencionar —resoplé, con fastidio por escuchar su nombre a cada rato. —Pero Emilio, yo tenía planes con ella... De madre e hija —confesó la mujer, entristecida. —Mamá, no te preocupes que la boda no será pronto. Tendremos el suficiente tiempo juntas —Forcé una sonrisa, tomando su mano sobre la mesa. —Ximena, ¿estás segura de emparejarte con otro Watson? —cuestionó. —Sí, algo me dice que todo será distinto —afirmé, orgullosa. —Déjala disfrutar su vida. Y más si consigue a un multimillonario como esposo —apoyó papá, tomando un sorbo de café. (...) Llegué al edificio aprovechando que mis padres pasaban por ahí en las mañanas cuando se iban a sus trabajos. Me preguntaba cuándo se iban a jubilar, sobre todo papá que era el más viejito. Me adentré al lugar, era bastante temprano por lo que no sabía qué hacer exactamente si no había nadie en la recepción. Maldije el momento en que no le pedí el número a Eric para contactarlo. Estaba revisando mi celular, esperando encontrar algo que me llevara a él, porque sentía que si subía el ascensor me terminaría perdiendo entre los pasillos. Me disocié del mundo exterior, así que una mano pesada en mi hombro fue suficiente para hacerme ahogar un suspiro y provocarme un sobresalto. —Me alegra que hayas llegado temprano, lamento haberte asustado —habló Eric, con una voz seductora. —Ah, estoy bien, solo me tomaste por sorpresa —respondí, sonriendo con nervios. —Bien, lo primero que tienes que saber es que debes atender a cada persona que atraviese esa puerta, sobre todo si son trabajadores, porque ellos firman su asistencia aquí en la recepción ¿Comprendes? —explicó, llevándome a la entrada del pequeño espacio. Nos adentramos hasta quedar detrás del mesón, había una computadora apagada, varios cajones debajo, hojas, etc. Y una silla sin espaldar en donde me podía sentar. —Supongo que tendré que memorizarme al personal —murmuré, estando a su lado. —Algo así. Le pedí a un colega que te ayudara el día de hoy. Él te explicará lo básico, hace un tiempo fue mi recepcionista —expresó, con las manos en la cintura. —¿Ya no trabaja aquí? —indagué. —Sí, pero tiene un cargo mayor —contestó, encendiendo la computadora. —Oye, Eric... ¿Por qué me ayudas? —cuestioné, un poco afligida porque nunca fuimos cercanos. Él giró su cabeza, quedando muy cerca de la mía y mirándome con esos hipnotizantes ojos que me dejaban sin habla. No me había dado cuenta que Eric era muchísimo más atractivo que Dante, tal vez porque era el mayor, no estaba segura. Pero tenía algo que me llamaba. —Ya te lo dije, estamos haciendo un trato. Yo necesito una esposa, y tú una venganza —aclaró, lamiéndose el labio inferior. —Creo que cualquier mujer caería rendida a tus pies —proclamé, sin verlo a los ojos porque me intimidaba—. Pudiste haberte buscado a alguien más joven. —Te llevo cuatro años, Ximena, tampoco eres una vieja —resopló, llevando una mano a su sien. —Lo que intento decir es que con tu atractivo podrías conseguir a mujeres mucho mejores que yo —corregí. —¿Me estás halagando, cuñada? —cuestionó, con picardía en su expresión. Eric levantó una ceja con diversión, mientras tenía una mano en su cintura y se inclinaba por poco hacia mí. Esa acción me provocó un choque eléctrico que desconocía, en parte porque me di cuenta de lo que dije. —No es eso, y ya no soy tu cuñada —aclaré, con mi mano en forma de pared. —La diferencia es que las demás mujeres se ilusionarían mucho conmigo, y como te dije yo no busco algo serio —expresó, apoyándose en el mesón—. En cambio, tú tampoco buscas otra relación seria ¿No es así? —Pues sí... Como te dije, ya no quiero involucrarme de manera romántica con un hombre —recalqué. —Exacto, por eso fuiste la candidata perfecta en cuanto me mencionaste lo que ocurrió con mi hermano —apoyó, con una sonrisa maliciosa. —¡Dios! ¡Lamento llegar tarde! Había un tráfico horrible en la vía —exclamó una voz desconocida. Me asusté y de inmediato averigüé de quién se trataba. Era un hombre corpulento, con una larga cabellera negra y lentes para la visión. Su piel era bastante morena y se encontraba agitado como si hubiera corrido un maratón. —Que bueno que llegas. Por favor, cuida de Ximena hoy —dictaminó Eric, acomodando su corbata. —No se preocupe, jefe. La dejaré lista para que mañana pueda hacerlo sola —afirmó el moreno, en una postura firme. ¿Él era el que me iba a ayudar? —Ximena, nos vemos luego, tengo que atender unos asuntos de negocios —El castaño me guiñó un ojo y se marchó con las manos en los bolsillos. Yo me encontraba llena de confusión y con los ojos bien abiertos. El pelinegro entró al pequeño espacio en donde estaba yo y se colocó a mi lado, todavía su pecho subía y bajaba con rapidez. Hasta que soltó un último suspiro y cerró sus ojos para calmarse. Luego se giró hacia mí. Logré contemplar que tenía algo de barba y unos oscuros ojos achinados. —Un placer, mi nombre es Jeanniel González y en el pasado fui el recepcionista de aquí, pero obtuve un acenso y ahora me encargo de supervisar a los empleados del edificio. Formo parte del grupo de ejecutivos de Eric —informó, estiró su mano en saludo. La acepté. —Ah, comprendo. Mi nombre es Ximena Foster, espero poder aprender rápido y no tener que molestarte —le sonreí de manera forzada. —No te preocupes, soy la persona más paciente del edificio —replicó, con orgullo en su mirar—. Ahora, lo primordial es explicarte que existe una hoja en donde firmará todo el personal ¿Vale? —empezó, rebuscando en un cajón. —Entiendo. —Lo normal es que saques varias copias de esas hojas para que tengas una cada día —me señaló la fotocopiadora detrás de nosotros—. Habrán días en donde llegarán personas importantes que querrán una reunión con Eric, pero para eso debes anotar sus datos y entregárselos a su secretario para que concrete una cita, no tendrás que meterte mucho con eso —añadió, colocando las hojas de firmas en el mesón. —Y supongo que el secretario es Dante —resoplé. —Sí, puede que sea duro tener que hablar con él, pero ánimos —alegó, palmeando mi hombro. —¿Sabes lo que sucedió? —cuestioné, con el ceño fruncido —Eric me contó la situación, sobre todo que serás su futura esposa. Pero tranquila, soy el único que sabe por los momentos —refutó, riendo con nervios. —Vale, no pasa nada. Tampoco es que te vaya a comer por eso —bromeé, negando con la cabeza. —Bien, sigamos. —¡¿Ximena?! —exclamó la voz de Dante. Lo miré, era él y estaba vestido con un traje formal, el típico que usaba para ir al trabajo cuando vivíamos juntos. Ese traje con el que se despedía dándome un amoroso beso. Tragué saliva. —No deberías gritar en la recepción —reprochó Jeanniel. —Perdón, es que... Ella... ¿Qué haces aquí? —balbuceó, sin poder creerlo. Pero una rubia que reconocí venía detrás de él con una expresión llena de fastidio y desinterés. Se acercó hasta tomarlo del brazo, pero no se dio cuenta de mi presencia. Apreté los puños con fuerza. —Amor, ¿puedes pedirle ya el préstamo a tu hermano? La función empezará en media hora —habló, recordaba su nombre con claridad. Rebeca, la amante con la que me engañó mi ex esposo. Al parecer no desperdiciaron ni un jodido segundo. Todo lo que me rogó Dante fue pura mentira porque ahí estaba él, con la rubia esa y claramente tenían algo más allá que una amistad. ¿Por qué otra razón le diría amor? Mis dientes estaban chocando, sentía que se me iban a romper por la rabia de ver esa escena. ¿Así quería jugar él? Porque ya estaba cien por ciento decidida en dañarlo con lo que más le dolía: la familia. Jugaré con fuego por ti, Dante Watson, sin importar las consecuencias.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR