Confesión

1618 Palabras

Alexander estaba desconcertado, la plática con su madre lo había dejado todavía peor, no les resultaba suficiente con las dificultades que estaba atravesando en el corporativo, el hecho de tener que enfrentarse a Sofía cuando ella lo odiaba con todo su ser. Daba vueltas en su estudio tratando de recobrar la tranquilidad, pero aquello era prácticamente imposible. Se encontraba perdido en sus pensamientos cuando una llamada lo sacó de su estupor, y de manera automática deslizó la pantalla para contestar. —Cariño, qué bueno que me contestes, no me siento muy bien y me gustaría que pudieras venir a verme. Le pidió Elisa del otro lado de la línea. Él frunció el ceño, señal de desagrado, pues en ese momento a la última persona que quería ver era precisamente a ella. –Ahora no es posible, Elis

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