Sofía corrió hasta donde se encontraba Alexander, y empezó a moverlo tratando de qué recobrara el conocimiento. —Alexander, por favor, contéstame, esto no es divertido, como broma ya fue suficiente —gritaba desesperada. Levantó su mirada hacia el escritorio y se dio cuenta de que había varias botellas de vino vacías. —No puede ser, pero sí se tomó todo el licor de la ciudad — repitió en voz alta. Trató de levantarlo, pero con el peso y tamaño de Alexander eso era prácticamente imposible. Entonces levantó el auricular para llamar a los guardias para que la ayudaran a llevar a Alexander a su casa. Pero lo que ella nunca imaginó era que Alexander, en el desvío de la borrachera, la tomó por la cintura y la atrajo hasta el piso donde se encontraba. — ¿Qué crees que estás haciendo, Alexande

