2011 La habitación de Shane era como mi segunda casa. Nunca intenté caminar a oscuras adentro, pero si lo hubiera hecho estoy seguro que jamás me habría atropellado nada, y eso era demasiado decir teniendo en cuenta que mi primo dejaba cosas tiradas por todos lados. Yo conocía cada rincón de su pequeño dormitorio, incluso puede que más que él mismo. ¿Por qué? Por una simple razón: yo era observador y, claro, menos torpe. Shane tropezó con un par de zapatillas que había en el suelo y soltando un improperio siguió caminando hasta estar frente a su mesilla de luz. ―Aquí está. ¿Lo ves? No mentía ―murmuró alzando una pequeña caja entre sus manos. Rodé los ojos ante su mueca engreída. ―¿Es el que ella quería? ―Sí ―dijo entregándome la cajita para que yo pudiese comprobarlo. ¿En serio?, pe

