Capitulo 94

654 Palabras

Mientras hablaba, sus palabras parecían deshacerse lentamente en el aire, como cenizas de un fuego que aún arde en lo más hondo de su alma. El café se volvía un escenario cargado de símbolos, como si las paredes mismas escucharan en silencio. La atmósfera se había transformado en un templo de memorias y revelaciones, donde cada gesto era un rito y cada palabra, una llave que abría puertas selladas por los años. Yo no decía nada, pero mis ojos la sostenían como quien abraza sin tocar. Se notaba que no solo estaba compartiendo una historia: estaba confiando una herida que había mantenido viva en silencio. —Nunca más volví a ese parque —dijo con un hilo de voz, quebradiza pero firme, como quien ya ha llorado todas las lágrimas posibles—. Me encerré durante semanas. No podía dormir. Cada somb

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