Mientras la tensión se sentía espesa en el área de los adultos, cargada de miradas no dichas y emociones reprimidas que amenazaban con explotar en cualquier momento, los adolescentes conformados por los gemelos de Salomón: Manasés y Ramsés de catorce años, Salma de doce, e Ibrahim, el hijo menor de Hassan también de trece casi catorce, era unos meses menor que los gemelos, se encontraban en otra área del jardín completamente ajena a todo ese drama adulto que se desarrollaba a pocos metros de distancia. Estaban sentados en grupo sobre los cojines de exterior bajo un techo de madera cubierto de jazmines, que proporcionaba sombra durante el día y privacidad durante la noche. Los tres chicos vestían thobes blancos muy elegante, como pequeños jeques de élite. Eran buenos amigos, casi que, co

