Las veces que he visto a mi padre llorar para esta fecha, son incontables. Aún recuerdo la primera vez como si fuese sido ayer. Yo volvía del instituto, justo para el comienzo de las vacaciones de invierno. El arbolito con sus luces de navidad, la ciudad llena de nieve y congelada. Subí las escaleras y lo ví allí, en el baño, la puerta entreabierta y mi padre con los brazos contra el lavado, sosteniendo en una mano el collar de mi madre. Con los ojos cerrados, lloraba sin parar. Yo nunca he conocido a mi madre. Tengo vagos recuerdos de ella, como estar entre sus brazos de pequeña, con apenas un año de edad. Quizá son solo imaginaciones mías, dicen que nadie recuerda lo que fuimos de bebés. Pero de alguna extraña forma, yo la recuerdo a ella. Papá dice que soy su doble, y cada vez que me

