En medio de la habitación casi vacía logro tranquilizarme. Hay una estantería llena de libros y cómics, ropa tirada por el suelo. La lámpara que cuelga del techo está por quemarse porque se apaga y se prende rápidamente. Me quedo mirándola lo que parece una eternidad. El zumbido se cuela por mis oídos, al igual que lo hace el frío en mi cuerpo. Me pone la piel de gallina, como esa sensación de que algo malo ocurrirá si no logro alcanzar el objetivo. Pero...¿cuál? La sola idea de no estar en casa con papá me asusta. Siempre hemos sido él y yo. ¿Por qué no llamó a la policía? ¿Por qué no me llama para ver si estoy bien? ¿Acaso no se preocupa por mí? Intento abrir las sábanas y por el esfuerzo que hago, el brazo izquierdo me duele. Debí lastimarme mucho con todo lo que sucedido, pero lo cie

