Él la limpió con una toalla que estaba cerca y la invitó a volver a acostarse sobre él para descansar de la exhaustiva ronda mañanera, durmiéndose una vez más. Pasadas las horas de la tarde despertaron, bastante hambrientos como para comerse un ganado entero. Alice se ofreció a hacerles un almuerzo al aire libre, pues Giana estaba emocionada por salir al jardín tan hermoso que tenían. Alice no quiso comer junto a ellos, pues ella tenía cosas que hacer en la ciudad, por lo que los dejó solos como un par de niños en el kínder. - Me gusta tu vestido. - dijo James metiéndose una uva en la boca. Ella se había puesto un delicado vestido de seda blanco con pequeños hilos de oro marca Vera Wang, la tela era casi translúcida, lo que le daba un toque angelical a Giana. - Gracias, me lo regaló un

