Se encuentra hablando con el mismo chico que hace unos días le había estampado una cachetada. No discuten, podía decir incluso que hablan tranquilamente. Es el receso, tiempo les sobra. Me fastidia la idea de que mi Esmeralda converse tan de forma cercana con otro hombre. Pero no son celos. No es posesión. ¿Entonces qué rayos es lo que estoy sintiendo? La respuesta es simple y aniquilante: amor, maldito amor. Nunca suelo enamorarme de alguien, ninguna mujer ha llamado mi atención en estos veintiséis años. Todo mi mundo está jodido y me siento resignado a un futuro solitario y amargado, pero allí llega la universitaria que desordena todos y cada uno de mis sentimientos. La amo, eso está absolutamente claro. La quiero solo para mí, ser yo el hombre al que ame. Pero Esmeralda además de ser

