Ocho

739 Palabras
Melodie había vuelto de la celebración acompañada de su novio y luego muy cansada volvió a su casa caminando, pero cuando lo hizo, su padre la esperaba, su padre con gesto turgente. —¿Pasarás la noche con el chico Finderman? —No papá, por algo vine hasta aquí. —Su aparición arruinó la ceremonia, ¿lo sabes, no? —Sí padre, pero si no me iba con él hubiera sido peor. —Ese es el problema de su padre, no el tuyo. —De todos modos habría escándalo, solo ha quedado como lo que es, un chico ebrio. —El problema es que no es ''un chico ebrio'' nada más—repitió su padre a regañadientes. —Ya sé que no apruebas mi relación y lo repetiré mil veces más, no me importa. —¿Crees que formé un imperio tomando malas decisiones como la tuya? —No, supongo que has hecho todo bien, siempre. —¿Crees que me han guiado en mis decisiones? —No lo sé, los abuelos son buenas personas. —Eso dices, pero en aquellos tiempos los castigos eran otros. —¿Que intentas decir? —Que me castigaban a golpes. ¿Crees que todas las personas de mi edad no lo sufrieron? —No lo sé, ahora veo que eso es abusivo. —Eso crees. Pero yo no salgo con drogadictos. —Aquí vas de nuevo... —Debo darte una lección, ya no puedo seguir siendo indulgente contigo... —Bien, papá, dame el castigo que quieras, nada dejará de unirme con Sebastián porque vamos a clases juntos. —Bien, eres adulta Mel, toma tus propias decisiones. —¿Eso quiere decir que podré seguir con Sebastián? —No, eso quiere decir que te dejaré que salgas con ese chico que todo lo rompe porque solo aprenderás cuando sangre la herida. Y entonces entenderás que yo no soy el malo del cuento. Su padre tomó un sorbo de café entrando a la cocina y volvió al trabajo, después de todo, había esperado a Melodie, pero su trabajo lo necesitaba al cien por ciento. Instantáneamente Mel marcó un texto a Sebastián; ''Tengo la casa sola, ven'' Sebastián al momento estaba en su puerta. Ella le abrió y le contó la noticia. —Mi padre me dejó el campo libre contigo. —¿Que? ¿Estás segura? —Sí, él cree que me arrepentiré. Sebastián se acerca a ella. —¿Te arrepentirías? —¿Porque tantas dudas? Te amo, claro que no lo haría. —Mi amor, no soy tonto. Sé que soy un chico problema y los padres no me quieren. —Pensé que te gustaría la noticia. —Sé lo que sucede, pero ahora tienes la oportunidad de hacer lo correcto. —¿Lo correcto? —Demostrarle que eres más que lo que espera de ti. Siempre nos veremos en mi habitación, allí no hay cámaras, podemos hacerlo. La intimidad debemos preservarla, nena, no voy a dejar que tu padre me vea haciéndote cosas. —Pensé que ahora tendríamos camino libre. —Y lo tenemos, pero para besarnos. —Está bien, supongo. —¿Ya tienes el robot? —¿Porque sabes que lo tendré? —Su creador lo debería tener. —Pues lo mandan mañana. —Pues cuando lo tengas, lo dejamos en la otra punta de la ciudad, será divertido, ¿no? —No le haré eso a mi padre. ¿Porque eso te haría feliz? —Pues porque me odia... —¿Y que queda de mí? Yo recibiré el castigo. —Nunca te castigan enserio. —No, ésta vez fue diferente. —¿Que quieres decir con eso? ¿Tu castigo es no darte un castigo? —Supongo, no lo sé... —Eres solo una niña solitaria que hablas con una voz, supongo que yo no tuve eso, entonces cuando quiero divertirme contigo no te agrada lo que quiera hacer, es como si quisiera llevarte al lado oscuro, y ni siquiera hay un lado. —Sí hay un lado, el lado malo, y tú andas en ese lado. —¿Sabes que? Está bien, estoy en ese lado, tú padre y tú, tanto como el mío lo piensan y nunca he hecho nada pero aún así esperan algo malo de mí, adiós Mel, nos vemos en clase. —¿Cómo queda nuestra relación en esto? —No lo sé, tú dirás en que lado estará—dijo marchando.
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