—La tenés muy grande… —me dice, haciéndose eco de mis propios pensamientos—. No basta con que tengas cuidado. Lo vas a tener que hacer muy despacio. Y vas a tener que parar justo donde te diga. —Lo voy a hacer —la aseguro. —Pero hacerlo así quizás no te resulte tan placentero. ¿No preferís cogerme por la v****a? —No. Quiero metértela en el orto —le digo. —Bueno, pero solo si me prometés que así no vas a sentirte triste. —No, no voy a sentirme triste. ¿Lo hiciste con mis hermanos? —¿Sexo anal? No —responde. —Bueno. Salimos del baño sin hablarnos. Ella camina delante mío, y yo aprovecho para palparle el culo. —No me canso de tocártelo —le digo, pellizcando más fuerte. —Aprovechá a hacerlo ahora que podés —me dice ella. Cuando entramos al cuarto de nuevo, ella va directo a la mesit

