Madrastra insaciable 16

1587 Palabras

La noche avanza lenta, densa. Estoy acostada en la cama, mirando la oscuridad. Mis piernas están cruzadas, y cada movimiento que hago parece amplificar el roce del camisón de seda sobre mi cuerpo, produciéndome placer cuando mis pezones erectos la sienten, recordándome lo que soy, lo que deseo, lo que no debería haber hecho. Todavía pienso en Julián. En su mirada, en la forma en que me sujetó, en su voz quebrada cuando me dijo que prefería que lo odiara antes que seguir aguantando las ganas de besarme. Esa frase me estremece cada vez que la recuerdo. No fue un hombre quien me la dijo, fue un chico, casi un niño. Pero en ese momento no lo parecía, ni tampoco cuando estuve en su cuarto… Me revuelvo en la cama. La brisa fría del aire acondicionado acaricia mis muslos, pero en lugar de calma

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