CAPÍTULO DIECISÉIS

4968 Palabras

KABIL El hombre se convierte en fiera cuando se enfrenta a su propio reflejo. No al que le devuelve el espejo, no al que los otros repiten como una copia complaciente, sino al verdadero, al que le nace por dentro cuando está solo, desprovisto de excusas, de muros, de máscaras. Es entonces cuando lo humano se le pudre. Cuando el alma, si es que eso existe, empieza a oler a carne descompuesta. He visto esa descomposición más veces de las que puedo contar, en los cuerpos rotos en las prácticas de anatomía, en los ojos vacíos de mis compañeros, en la sonrisa dopada de los que creen que sentir algo es suficiente para justificar su existencia. Pero nada justifica. Nada sostiene. Nada redime. Y sin embargo, ahí está ella. Verly. El problema no fue el beso. Fue lo que sentí, lo que me despe

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