CAPÍTULO VEINTITRÉS

3778 Palabras

KABIL Empujo la puerta de mi departamento, sin siquiera prestarle atención al chirrido oxidado de las bisagras. Mis hombros arden. El cuello lo tengo entumecido, como si las tensiones de los últimos días se hubieran anudado en cada vértebra. Hago una leve presión hacia un lado, un crack seco me sacude la base del cráneo. Exhalo. No me relajo. No sé hacerlo. Camino por la penumbra sin prender más luces que la de la sala de estar. Fría, azulada, lúgubre, no necesito más, la oscuridad me resulta cómoda, familiar. Me acomodo en el sofá de cuero n***o, este cruje bajo mi peso. Todo cruje en este pueblo de mierda. Mis dedos, rápidos y precisos, abren la carpeta que me entregó Jonathan Verly, el padre de Ana ¿Qué clase de padre entrega esto a un completo desconocido? Solo le bastó con saber y

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