ANA Las gotas golpean con violencia las ventanas del camión, todos adentro parecen pasarla bien, menos yo, que estoy en medio de dos volcanes listos para estallar. Killian me dice algo que no comprendo sobre el manejo del campamento, cuando Kabil bufa con sorna. —¿Te molesta si hablo? —pregunta Killian a mi izquierda, con esa sonrisa que tantas veces ha conseguido lo que quiere—. Digo, por si tienes activado tu “modo joder a los demás”. —A todos aburres, Cross —responde sin apartar la vista del vidrio empañado—. Pero adelante, haz tu monólogo. Killian le lanza una última mirada cargada de advertencia, antes de volver su atención a mí. —Cómo te decía, Ana —ignora a Kabil—. Habrá juegos nocturnos y un circuito extremo… dicen que nadie lo ha terminado completo. —Es para niños de prima

