Prólogo: Celeste

953 Palabras
Hace 11 años Me abrí camino a través del caos de la multitud. Podía oír a alguien gritando mi nombre, pidiéndome que me detuviera. No podía. Necesitaba verlo por mí misma. Había sentido la ruptura de la conexión a través del vínculo mental, pero necesitaba que mis ojos confirmaran lo que mi corazón se negaba a aceptar. No podía ser él. Él era invencible. Llegué al frente de la multitud. Mientras empujaba al último de la en el tumulto, mis rodillas cedieron ante la escena que tenía delante de mí. Las lágrimas corrían por mi rostro. Enfrente de mí estaba el Alfa de la Manada Luna de Sangre mirando a mi madre y sosteniendo la cabeza de mi padre. Sentí tristeza y furia. Intenté levantarme y avanzar, pero me agarraron y me empujaron detrás del gamma de mi padre. “No puedes, Celeste. Él no puede saber que eres tú”. Se comunicó mentalmente. Tragué un sollozo y me agarré a su pierna con todas mis fuerzas. Aún podía ver a mi madre de rodillas llorando. El Alfa Geoff se estaba riendo, pateando la cabeza de mi padre como si fuera una pelota de fútbol. —Tu poderoso Alfa no tuvo oportunidad, Luna. Ahora tu manada me pertenece. Tú me perteneces. —Sonrió burlonamente y volvió a reír sin piedad. Mi madre miró a través de la multitud de nuestra manada. Mi padre había sido desafiado y, según la ley de los hombres lobo, lo que él decía era cierto. Ahora pertenecíamos a la Manada Luna de Sangre. Los ojos de mi madre se encontraron con los míos. Pude ver que su corazón estaba destrozado. El Alfa Geoff levantó a mi madre por el brazo y la aplastó a su lado. “Les he fallado, mi gente. Lo siento”. Escuché a través del vínculo mental de la manada. Como Luna ella podía proyectarse a todos en la manada al mismo tiempo. Aún mirándome a los ojos, su respiración se entrecortó. “Te amo, Celeste, mi pedacito de cielo. Espero que algún día puedas perdonarme. No dejes que sepan lo especial que eres. No mires, pequeña”. Me lo dijo solo a mí. Mi don me atrajo hacia adelante. Entonces vi un destello del futuro. Pero no había suficiente tiempo para evitarlo. Vi la misma imagen de lo que mi don me había mostrado desarrollarse frente a mis ojos. Lloré al ver a mi madre agarrar el cuchillo ensangrentado del cinturón de Alfa Geoff y pasarlo por su garganta. El dolor estalló en mi cabeza. Enterré la cabeza en la pierna que me sostenía. Escuché el rugido del Alfa: —¡Perra estúpida! Pateó el cuerpo sin vida de mi madre sobre el de mi padre. —Agarren a todas las hembras sin compañero y a los machos bebés. ¡Maten al resto! —gritó. Escuché los gruñidos de sus guerreros y los gritos de los míos mientras se cumplían sus órdenes. Fui levantada y llevada a través de la multitud. Él no se detuvo hasta que llegamos a los acantilados detrás de la Mansión de la Manada. Aún podía escuchar los gritos de mi manada mientras eran destrozados. —Mírame —dijo el Gamma de mi padre, Lucian. Me sacudió un poco cuando no obedecí—. ¡Mírame, pequeña Celeste! —dijo urgentemente. Lo miré—. No puedo llevarte conmigo, pequeña. No sé si podré salir con vida. Tienes que mentir. Tienes que mentir sobre quién eres. ¿Entiendes? —dijo. —Tengo que mentir —repetí. —¿Cuál es tu nombre? —preguntó—. Si te lo preguntan, ¿cuál es tu nombre? —No lo sé —dije, llorando de nuevo. Todo lo que quería hacer era despertar de esta pesadilla. —Tu nombre es Celeste Pierce. Eres la hija del difunto Gamma, Lucian Pierce. Dilo —insistió. —Mi nombre es Celeste Pierce. Mi papá era Lucian Pierce. El gamma de Alfa Cory —dije. —Bien —dijo, dándome un abrazo y un beso en la frente—. Sería un honor ser tu padre de nombre. Tengo que irme, pequeña. Te buscaré. Me oyes, te buscaré ayuda y te buscaré si me dejan vivir para ello. Pero ahora te sacaré de aquí. Quiero que repitas lo que dije una y otra vez hasta que te salga de forma natural, ¿vale? Hasta que ya no quieras decir el apellido de tu papá. No puedes dejar que sepan quién eres. Pasarán cosas malas si lo saben. Prométeme, Celeste, prométeme que dirás las palabras correctas —dijo. —Mi nombre es Celeste Pierce. Mi papá era Lucian Pierce, Gamma del Alfa —dije. Me dio otro abrazo fuerte. —Buena chica. Te encontraré. Florece y vive, pequeña —dijo y vi horrorizada cómo se lanzaba desde el acantilado. Cambió de forma a mitad del salto y cayó al río. Escuché un quejido al golpear el agua. Miré fijamente durante lo que parecieron horas, esperando a que volviera a aparecer, pero no vi nada. Sollocé y caí al suelo haciéndome un ovillo. —Mi nombre es Celeste Pierce. Mi papá era Lucian Pierce, Gamma del Alfa —dije—. Mi nombre es Celeste Pierce. Mi papá era Lucian Pierce, Gamma para el Alfa. Sollocé en la noche. —Mi nombre es Celeste Pierce. Mi papá era Lucian Pierce, Gamma del Alfa… Mi nombre es Celeste Pierce. Mi papá era Lucian Pierce, Gamma del Alfa. Mi nombre es Celeste Pierce. Mi papá era Lucian Pierce, Gamma del Alfa. Después de lo que pareció una eternidad, me desmayé al borde del acantilado. Desperté cuando escuché pasos acercándose a mí y sentí a alguien levantándome.
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