Había algo diferente esta noche. No era la anticipación habitual de una carrera de luna llena con nuevas lobas. Tenía un solo pensamiento en mi mente. ¿Será Camila mi pareja? Otto y yo habíamos estado luchando por controlarnos toda la semana. Nunca antes nos habíamos sentido tan tentados. Siempre habíamos sabido controlar nuestros impulsos. Mamá siempre nos había dicho lo sagrado e importante que era el vínculo de pareja. Aunque ya casi teníamos 27 años, nunca nos habíamos rendido. Camila era diferente. Ella despertaba tantas emociones en nosotros. Trataba de explicarlo de otra manera. Era exótica. Su suave voz con ese fuerte acento me estremecía. Solo de pensarlo, me estaba poniendo excitado. Nos habíamos acercado, pensé mientras recordaba cómo nos encontramos en mi habitación ayer d

