La cerradura se mueve, aprieto los ojos con fuerza como si eso fuese a impedir que Alessandro o quien sea que esté detrás de la puerta la logre abrir. Estrello la espalda contra la pared, clavándome diferentes tipos de objetos que no logro ver con la oscuridad, casi que rezo para que nadie me descubra, pero pronto la luz exterior me ciega por lo que debo cubrir mis ojos, la puerta ha sido abierta, pero no es Alessandro, es el chico con quien hablaba. —Hey ¿Qué haces allí? —me pregunta, aunque su tono no es de preocupación, sino amenazante. Él sabe perfectamente que estaba de chismosa, escuchando su conversación— ¿Te comieron la lengua los ratones? Que idiota es este chico, casi lo vi orinarse de miedo cuando Alessandro lo amenazó, pero ahora que el pelinegro no está se la da de muy malot

