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3047 Palabras

Son casi las cuatro de la mañana cuando mi despertador suena. Odio despertar temprano, al menos cuando voy al colegio me levanto a las seis y no a las tres y cincuenta de la mañana. Solo a Marsella se le ocurre viajar a tan tempranas horas del día. Salgo de mi habitación rápido, llevando mi toalla en el hombro, decidí levantarme a esta hora para aprovechar la soledad de la oscuridad y poder bañarme en paz, sin hermanos molestos ni estúpidos ojos grises. El pasillo está a oscuras, incluso un escalofríos recorre mi espalda, no es que sea una gallina, pero últimamente he estado siendo algo paranoica. Quizá tenga que ver con las películas de terror que he visto últimamente. Me detengo llevándome una mano al pecho y cerrando los ojos, casi me da un infarto al ver a Jack recargado de la pared

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