Siento un enorme peso sobre mí, lo que me obliga a quejarme en voz baja y a incorporarme de golpe, sorprendida por la sensación. Parpadeo un par de veces, todavía confundida, y frunzo levemente el ceño al ver al niño sentado junto a mí. Su rostro me observa con una mezcla de ternura y determinación. -Lia, despierta -me dice con voz suave pero insistente-. Prometiste que iríamos al lago. Suelto un suspiro cansado y me dejo caer de nuevo sobre la almohada, cubriéndome el rostro con las sábanas. -Está justo frente a la casa, puedes ir con Luz y los demás... déjame dormir un poco más, Ades -murmuro, aún entre sueños. No recibo una respuesta inmediata, pero siento cómo el peso sobre la cama desaparece. Después de unos segundos, noto un beso cálido en la sien. -Descansa -dice él. Sonrío le
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