XXI

1108 Palabras

Cierro la computadora de golpe queriendo que todo lo que acababa de leer desapareciera pero sabía que no era así, era verdad, Lia, mi Lia había pasado por este dolor sola, no estuve ahí para ayudarla, para apoyarla. Me levanto de la silla y camino hacia la ventana queriendo tomar un poco de aire, esta información me dejo desarmado, El reflejo en el vidrio mostraba mi rostro tenso, la mandíbula apretada. Mi respiración era lenta, controlada, pero cada vez más pesada. —¿te encuentras bien? - no podía responder, me tomé unos segundos antes de girar hacia él. —¿Cómo lo perdió? —Mi voz era apenas un susurro, pero llevaba consigo todo el peso de la pregunta. Necesitaba saberlo. —Malek, hay heridas que no son necesarias de abrir… —Londom vaciló, como si estuviera decidiendo si decirme la ver

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