Catherine sintió los besos de Ken en sus omóplatos mientras yacía boca abajo sobre la cama. La mañana era esplendorosa, pero no tenía deseos de levantarse y permaneció en la misma posición un rato más. Todo cambió cuando notó que Ken comenzaba a moverse a su lado; eso no era una buena señal. Había tenido un día agotador y, aunque complació a su novio en la cama, no pudo conciliar el sueño. Sentía que algo no estaba bien. La relación con Ken había surgido de manera espontánea, y con el tiempo, él no solo se había ganado su confianza, sino también la de sus hijos. Catherine veía en Ken al hombre que siempre había buscado, aquel que le daba la estabilidad emocional que necesitaba, aunque su corazón seguía queriendo a un solo hombre. Había decidido que el amor no era esencial para seguir adel

