—Solo bromeaba. Adiós, papá. —Colgó. El azabache miró por unos segundos el celular en su mano. Deseaba más que nada que Mia pudiera tener lo que quería, lo que ambos querían; sin embargo, sentía que aún no era el tiempo indicado. Se levantó de la cama después de bloquear su celular y ponerlo en algún lugar del buró. Fue directo a su maleta, de donde sacó su portátil. Tenía trabajo que hacer; se pondría a investigar un poco más sobre Vincel, sus intereses, a qué se dedicaba exactamente y si tenía familia o alguien importante para él. Sin embargo, no pudo ni abrir el portátil cuando alguien lo interrumpió tocando a su puerta. Miró el reloj en su muñeca: pasaban de las diez de la noche. No creía que fuera ninguno de los chicos; hubieran llamado a su celular primero. La única opción que le qu

